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Tienditas

Una tiendita no es solo un lugar donde se compra

Qué importantes son las tienditas en los barrios… Son lugares donde se pregunta, se espera, se conversa, se recomienda y se observa. 

A veces basta entrar a por pan, a por unos clavos o a por harina para las arepas, y lo que iba a ser solo una compra se convierte en un encuentro con otras vecinas y vecinos, conocer a alguien, recibir o dar un consejo valioso, o la primera sonrisa del día. 

La tienda conoce horarios, rutinas y ausencias. Sabe quién vive sola, quién acaba de llegar, quién pregunta siempre por el mismo producto que recuerda a otro país. Sabe qué familias han crecido, quién cambió de turno, quién dejó de pasar, quién necesita una palabra amable además de la compra del día. Hay tenderas y tenderos que conocen el barrio como quien lee una historia.

También son lugares de traducción. En barrios diversos, muchas veces la tienda es el primer lugar donde una persona siente que puede explicarse sin miedo. Donde alguien entiende tu acento. Donde aparece un producto que sabe a casa. Donde una palabra que aquí parecía extranjera deja de sonar ajena. 

La compra cotidiana, la organización doméstica, el conocimiento exacto de qué falta y qué alcanza. Durante generaciones, muchas relaciones vecinales se tejieron precisamente en esos recorridos pequeños: bajar a comprar, encontrarse, intercambiar noticias.

Para la infancia las tienditas también son importantes: La primera vez que te mandan sola o solo a comprar pan. El orgullo de volver con el cambio exacto. Administrar la propina para ver qué me compro en el kiosko…

Las grandes superficies venden rápido y productos que muchas veces son los mismos en cualquier lugar. En las tienditas del barrio podemos encontrar cosas de muchísimos lugares del mundo y cuidadas de una manera especial. Paseando por el barrio y hablando con tenderas y tenderos hemos conocido un snack chino que se llama edamame, productos a granel que suponen que gastemos mucho menos plástico y envases, empanadas peruanas, colombianas, carne halal, comida de Bulgaria, ceviches y frutas como la guanábana, maracuyá o la lugma…  Es como un mercado del mundo entero. 

Tenemos que cuidar las tienditas porque cuando una cierra, no desaparece solo un negocio; no es solo una cuestión económica. Se trata de que el barrio siga vivo, que haya gente en las calles, que éstas sean más seguras porque el pequeño comercio hace que haya más ojos y palabras en las aceras. 

Son muchas historias en las peluquerías, recetas compartidas en las tiendas de alimentación, trucos en la ferretería. Una ciudad se vuelve más fría cuando ya nadie sabe qué compras cada martes. Y más habitable cuando todavía existe alguien que pregunta: “¿Lo de siempre?”

¿Qué tiendita de tu barrio recomiendas?