Saberes Comunitarios / Diccionario Rondilla / Aquí y allá
Lengua
Una lengua es una forma de mirar y pensar el mundo
Necesitamos las lenguas para nombrar el querer, el miedo, la comida, la distancia, la familia, el tiempo…
El barrio de La Rondilla también se conoce escuchando cómo conviven las palabras. En la puerta del colegio, en las tiendas pequeñas, en los audios del teléfono que se cruzan en las calles, en un niño que mezcla palabras, en una chica que traduce para sus padres, en una canción que llega desde otra ventana.
Hay lenguas que se aprenden para sobrevivir y otras que se guardan para no olvidar. A veces una persona vive en una lengua y sueña en otra. A veces una madre o un padre regaña en una lengua y abraza en otra. A veces una palabra no encuentra traducción exacta y hay que explicarla contando una historia entera.
Hay niñas y niños que saltan de una lengua a otra sin pedir permiso. Inventan expresiones nuevas. Hacen del acento una forma de juego. Muchas veces son ellas y ellos quienes sostienen la traducción cotidiana de la familia y también quienes enseñan que pertenecer no exige borrar lo anterior.
Aprender a decir bien el nombre de otra persona también es una forma de cuidado. Preguntar cómo se pronuncia una palabra. Escuchar despacio. Entender que un acento no es un error, sino una historia. Porque no todas las lenguas reciben el mismo respeto ni todas las personas sienten siempre la misma libertad para hablar como aprendieron en casa.
Junto a las palabras, una lengua también la forman los gestos, la forma de mirar, cómo asentimos o negamos… Hay partes de las lenguas que son universales y otras que nos inventamos.
Las lenguas también cambian los lugares. Un barrio donde se escuchan muchas maneras de hablar es un barrio lleno de viajes, recuerdos y formas distintas de entender el mundo. A veces aprendemos palabras de otras lenguas sin darnos cuenta. Se quedan en las comidas, en los saludos, en los juegos o en la manera de mostrar cariño a alguien. La lengua también es memoria, es casa. Y también es reconocimiento: en un barrio ninguna lengua sobra.
Una lengua no se hereda solamente, también se comparte y se cuida; y cuidar una palabra es una forma de memoria y de historia..
¿Qué palabras te gusta cuidar?

