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Migrar
Ningún barrio existe sin las personas que llegaron y llegan a él
A veces migrar se cuenta como si fuera un movimiento simple: salir de un lugar y llegar a otro. Pero migrar no es solo irse; rara vez es una línea recta.
Todas las ciudades están hechas de llegadas. Incluso quienes dicen haber estado siempre aquí llegaron alguna vez a través de alguien. Toda comunidad tiene una historia de movimiento, aunque a veces se olvide.
Para entender las migraciones necesitamos conocer las historias de los lugares. Hay territorios donde cada vez resulta más difícil quedarse, trabajar, cultivar, vivir en paz o imaginar un futuro. Las migraciones hablan de qué territorios acumulan riqueza y cuáles han sido empobrecidos o abandonados durante mucho tiempo.
En barrios como La Rondilla migrar es parte de la historia. Antes llegaron familias desde pueblos y otras ciudades de Castilla, también de otras partes de España buscando trabajo y nuevas posibilidades en una época en la que muchos lugares del campo se iban quedando sin oportunidades. Y fue entonces cuando el barrio empezó a construirse y a crecer.
Después llegaron otras personas desde Marruecos, Bulgaria, Rumanía, Colombia, República Dominicana, Senegal, Ecuador y muchos otros países. Nuevos idiomas y productos en las tiendas, los olores de las cocinas, músicas que se escuchan desde las ventanas, celebraciones distintas y también nuevas preguntas sobre qué significa pertenecer.
Migrar es vivir entre varias orillas. Una parte de ti aprende aquí mientras otra sigue allá. Hay personas que cocinan para no olvidar. Algunas madres y padres enseñan palabras, canciones o recetas para que sus hijas e hijos no pierdan una lengua o una historia familiar; también muchas niñas y niños traducen cada día para ayudar a sus familias a entender documentos, direcciones o conversaciones.
Muchas personas sostienen la vida en dos lugares al mismo tiempo: aquí y allí, ahora y antes. Las mujeres conocen especialmente esa doble carga. Migrar muchas veces significa cuidar lejos, enviar dinero, echar de menos, empezar de nuevo mientras se sigue sosteniendo lo que quedó atrás. Significa también enfrentarse a prejuicios, trabajos invisibles o a tener que demostrar continuamente que una “merece” estar aquí.
Cada llegada transforma también el lugar al que se llega. El barrio cambia con las personas que lo habitan, lo trabajan, lo cuidan y construyen vida en él. Nuevas palabras para nombrar lo que antes no sabíamos decir. Nuevas maneras de entender el barrio, nuevos fonemas que pronunciar, palabras que vamos mezclando, también sabores y calendarios.
Migrar es rehacer el mundo con lo que cada una trae y con lo que nos encontramos. Es aprender a echar raíces sin dejar de recordar otros lugares y construir el que ahora nos es común.
¿A través de qué recuerdo, costumbre, sabor o palabra podemos contar una historia de migración?
