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Ríos

Los ríos organizan recorridos, paseos y maneras de habitar la ciudad

Por La Rondilla pasan los dos ríos de la ciudad de Valladolid: la Esgueva y el Pisuerga. Y además es aquí, en el parque Ribera de Castilla, donde la Esgueva desemboca en el Pisuerga y se forma esa cascada que tantas personas reconocemos como parte del barrio. 

Estos ríos no son solo agua que pasa, ni un límite dibujado en el mapa. Marcan dónde parece empezar un barrio y terminar otro, La Rondilla y Barrio España, aunque los puentes los unen y muchas personas los cruzamos todos los días.

Hay muchas miradas y muchas lecturas sobre un río. A veces el río de aquí conversa silenciosamente con otro río de allá: uno que quedó en la infancia, en otro país o en la historia familiar. El agua tiene esa capacidad de unir lugares que parecían lejanos.

También hay quienes nos cuentan que antes se lavaba la ropa en los ríos. Que en el Pisuerga se bañaba la gente. Hay quien sabe mucho sobre los peces y los pájaros que viven en el Pisuerga y la Esgueva.

Un río también es un lugar de descanso. Se va al río a caminar, a sentarse, a pensar, a estar sola o en compañía. A veces no se busca nada concreto: solo el movimiento del agua, el cambio de luz, la posibilidad de caminar sin prisa. Hay lugares que sirven para resolver cosas y otros que sirven para escucharlas mejor. 

Las niñas y niños también encontramos una forma de aventura. Tirar piedras, ver los patos, descubrir otras aves, mirar las piraguas, acercarse a los embarcaderos donde alguien pesca o chicos y chicas pasan la tarde. 

El río también nos enseña a mirar despacio. Paseando por sus orillas, observando las plantas, los árboles y los pájaros podemos saber si se aproxima un cambio de estación. Hay hojas que avisan antes que los calendarios. Hay aves que anuncian mejor que nadie la llegada de otra época del año.

Todo río tiene sus orillas. Una orilla es el  lugar donde alguien se detiene a mirar. Donde podemos entender mejor la distancia y la cercanía. Hay decisiones que se entienden mejor así. Hay penas que encuentran más espacio cerca de un río y también alegrías que se celebran mejor allí. 

Entender que no todo es movimiento, que también necesitamos lugares desde donde mirar, mirarnos, respirar y que el tiempo no vaya tan rápido.  Los ríos nos recuerdan que la ciudad también necesita espacios donde el tiempo no corra igual.

Un río nunca es solo agua. Un río es un camino y una forma de seguir mirando.

¿Alguna historia relacionada con un río o sus orillas que hayas vivido tú o que te hayan contado?