Saberes Comunitarios / Diccionario Rondilla / Habitar el Barrio
Árboles, arbustos, hierbas… pájaros, insectos y…
Aprendemos mucho mirando hacia abajo y hacia arriba
Un árbol no es solo una planta. Es sombra cuando hace calor, memoria de una calle, un lugar donde alguien espera… No todas las calles tienen árboles. No todos los parques ofrecen refugio en verano. No siempre encontramos un lugar donde poder parar y escuchar un pájaro. Una ciudad más habitable ofrece sombra, descanso y respiro, y para ello necesitamos las plantas.
Un barrio también lo forman los arbustos, las hierbas… Esas que a veces pasan desapercibidas pero que están en los alcorques, entre las grietas de una acera, en los parques y en las orillas del río. Hay quien sabe reconocerlas. Quien distingue el romero y la lavanda. Quien sabe qué planta calma una picadura, cuál huele mejor al atardecer, cuál florece antes que las demás. Quien nos enseña a identificar el gordolobo y la hiedra salvaje. Son saberes que muchas veces se aprendieron caminando, mirando, preguntando.
Descubrir que las flores amarillas de los dientes de león se convierten en copos blancos, que en las pelusas de los chopos encontramos sus semillas, que en una rama siempre anidan los mismos pájaros, que entre las hierbas crecen flores diminutas que casi nadie mira o dónde hay un avellano al lado del Pisuerga…
Cuando sabemos que “ese árbol es un saúco”, “ahí hay un mirlo” o “esto huele a tomillo”; cuando alguien recuerda qué árboles desaparecieron, dónde había huertas… Muchas veces la historia de un barrio también se cuenta así.
Junto a las plantas, los pájaros y los insectos forman parte de esa vida tan valiosa. No siempre los vemos, pero están. En los árboles de las plazas, en los parques, en los balcones, en las riberas de La Rondilla viven, escuchamos y a veces vemos gorriones, mirlos,carboneros, verderones, petirrojos, palomas, vencejos, lavanderas y patos; también garzas, cormoranes y martines pescadores…. Mariquitas, escarabajos, hormigas, mariposas colibrí… Escuchar los pájaros y mirar los insectos y las plantas nos recuerda que la ciudad no nos pertenece solo a las personas.
Y es que un barrio también está hecho de raíces. De ramas. De hojas que caen. De flores que aparecen sin avisar. De pájaros que vuelven. De insectos que zumban. Y de personas que todavía saben mirar.
¿Hay alguna planta o rincón verde de tu barrio que sientas como parte de tu propia historia?

