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Historia(s)

La Historia y las historias no son lo mismo

La Historia suele escribirse en singular, con mayúscula, con fechas, nombres importantes. Se ordena en archivos, en libros, en placas colocadas en las fachadas. 

Las historias, en cambio, casi siempre llegan en plural. Se cuentan en una cocina mientras se pela fruta, en una sobremesa larga, en un grupo en el centro cívico, en una escalera donde alguien recuerda cómo era todo antes. No siempre tienen fecha exacta, pero casi siempre tienen emoción, olores y sabores, también texturas.

La historia de La Rondilla puede contarse desde su construcción en los años sesenta, desde la llegada de familias trabajadoras, desde el crecimiento rápido de una ciudad que necesitaba casas para quienes vinieron a trabajar en las fábricas. Desde las luchas vecinales por servicios y espacios dignos para vivir hasta el momento actual donde cada vez es más difícil encontrar una vivienda para alquilar… 

La historia de un barrio también está conectada con historias que ocurren en otros lugares. Igual que muchas familias llegaron desde pueblos donde cada vez era más difícil quedarse, hoy otras personas cruzan fronteras buscando trabajo, tranquilidad o un futuro posible. Para entender quiénes vivimos aquí también necesitamos mirar más allá del propio barrio y preguntarnos qué hace que las personas tengan que marcharse de unos lugares y empezar de nuevo en otros. 

Y junto a esa historia del barrio que es tan importante conocer y recordar, están las historias “con minúsculas”  de tantas y tantas personas que han vivido y vivimos aquí: Quién abrió la primera tienda de la calle, dónde estaba aquella fuente. Qué vecinas organizaron una red para que nadie se quedara sola en la pandemia; dónde estaba la primera casa en la que una familia vivió en el barrio. Cómo fue el primer invierno vivido en Valladolid y quién fue la primera vecina o vecino al que conocí…

Los niños y las niñas escuchan y conocen muchas de esas historias y aprenden el barrio a través de relatos: aquí jugaba tu madre, aquí aprendí yo castellano, aquí hubo una manifestación, aquí se celebraban las fiestas, aquí antes no había árboles.

No todas las personas vivimos y recordamos igual un lugar. Pero esto no es un problema, porque un barrio no necesita una única versión de sí mismo, sino espacio para muchas voces. Para conocer nuestro barrio y seguir contándolo necesitamos las historias de las personas que lo habitamos. De todas. 

¿Qué historia de tu barrio debería contarse antes de que alguien la olvide?